Blas Perozo Naveda: “Ahora después de viejo, me leo a mí mismo”
Por Laura Isabela Perozo
La ciudad está a oscuras y un hombre se sienta en un balcón de la ciudad. Una luz de emergencia a duras penas sombrea unos cabellos canosos.
Una ciudad en la boca de la oscuridad, en pleno apagón, sirve de escenario para entrevistar a un sujeto desconocido. Barbas blancas, piel quemada, pecas, ojos achinados, cuerpo barrigón y pequeña estatura.
«Desde mi infancia, yo soy un periodista, un escritor y un maestro de escuela» dice una voz canosa.
Le escribe a Maracaibo city y al viento de Falcón. También a los que han partido al más allá, a los locos, a los cuerdos, a los pardos y a su pueblo. Es, sin duda, un escritor que le ladra a todos con sus palabras. Se trata de Blas Perozo Naveda, el poeta laureado, “escribidor” de aquél movimiento literario maracucho “Maracuchismo leninismo” y autor de varias obras célebres como Caín, Maracaibo city, Mala fama, Date por muerto que sois hombre perdido y el más reciente de sus poemarios letrados: Arbolario.
—¿Quién es ese tal Blas Perozo?
— No es otra cosa que un periodista que ama la profesión de escritor y profesor.
Lo conozco poco al personaje, sí lo he oído mentar, pero lo conozco poco…
— Dicen que daba clases en la escuela de periodismo montado en el escritorio del salón… ¿has escuchado de él?
—He escuchado algunas de sus diabluras— dice y ríe al unísono.
—¿Blas Perozo le escribe a quién?
—Cuando escribía las columnas en sus periódicos, en Panorama, Crítica y en El Nacional, que fueron los periódicos donde él trabajó, escribía para el gran público, porque hacía una columna muy conocida que se llamaba El rollo que no cesa. Tal vez pensando en un lector que además de buscar la información, buscaba la información trascendental, por eso, el nombre mismo de la columna tergiversaba el título de uno de los libros más importantes de Miguel Hernández, que como tú sabes, se llamaba El rayo que no cesa. Entonces el tal fulano Blas Perozo Naveda, tergiversó el título del autor de El rayo que no cesa y llamó a su columna El rollo que no cesa para referirse en tono humorístico, sarcástico y ácido a los acontecimientos más comunes y corrientes de la cotidianidad. Fiel alumno de Sergio Antillano e Ignacio De La Cruz Martínez y de otros grandes periodistas de Maracaibo, creía que el periodismo era un género literario.
— Yo he escuchado que Blas Perozo le escribe a Maracaibo city… ¿cómo es eso?
—Maracaibo city es el proyecto de una novela que fue publicada por los avatares del ejercicio periodístico. Fue publicada en París en 1979 en una recopilación de partes de las notas que Blas vino escribiendo en los periódicos. Maracaibo city no es ni siquiera una novela, es una noveleta, tal vez pensando en las novelas ejemplares de Cervantes. Blas escribió aquella historia basado en sus artículos de periódicos, que fueron siempre convertidos por el mismo escritor en materiales de ficción. Maracaibo city es una recopilación profunda con la idea de contar las aventuras de unos muchachos que habían sido sacados del centro de la ciudad en 1946, porque toda la población que vivía en el centro de la ciudad fue sacada hacia Sabaneta…Entonces Maracaibo city cuenta la vida de esos muchachos que tienen el recuerdo de sus lugares de origen al reunirse ahí a jugar metras, a casar iguanas y machorros. A la par de eso, en esa novela se presenta el despertar de la conciencia política, porque recuerda que el trasfondo es que en esa época comenzaba la militancia política, y detrás de eso, estaba la presencia de la guerrilla en Venezuela.
—Blas Perozo tiene una poesía así como medio…Estrafalaria, ¿no?
—No es estrafalaria, ni nada de eso, lo que pasa es que la poesía venezolana ha sido muy convencional—Admite con cierto aire de fidelidad.
—La poesía de otras partes del mundo usa el lenguaje de la calle, común y corriente, el lenguaje de la familia, el lenguaje de la casa, la crianza de los muchachos, la comida, la sopa, los vestidos, los interiores, las pantaletas: la vida misma común y corriente hace presencia en la poesía de este señor. Entonces eso molestaba, porque parece que la poesía venezolana necesita ser heroica, contar cosas muy trascendentales, contar grandes conflictos interiores, pero el gran conflicto personal que presenta la poesía de Blas, es la crianza de unos hijos, el amor que se le fue o que le llegó, o la historia de su ciudad, y la historia de su familia y de su país.
—¿Con un tono ácido?
— Con todos los tonos, porque la literatura está hecha en todos los tonos, igual que el periodismo, igual que la vida.
— En su último libro titulado Arbolario hay una obra de Blas que se llama Marditostodos… ¿Quiénes son los marditostodos?
—Todo eso vino de una anécdota de una señora, de un disco maravilloso que nos pasaron cuando trabajé en ViveTV, donde una señora decía “¡No son los mangos, es la cerca! ¡Marditos! ¡Marditos todos!”. Marditos todos, pues, es una expresión popular. Hay un poema de Blas que se llama marditostodos, que es la imploración y la denuncia al sicariato, para proteger al pueblo y a toda la población que ha sido perseguida por los sicarios. Marditos todos aquellos que matan.
—¿Maracaibo se resume en esa frase…?
— Un Maracaibo se resume en esa frase. El Maracaibo de ahora es un aluvión poblacional de toda América latina y el mundo.
— Blas es periodista, escribe, es padre de familia, maracucho, falconiano, mamador de gallo, políglota, profesor, ¿qué más es Blas Perozo?
— Mi primer oficio, que muy poca gente lo sabe…Era la pintura, el dibujo. Ya que me obligas a decir mi identidad de Clark Kent, yo soy…Un pintor— confiesa entre risas.
—¿Blas Perozo es el diablo de la poesía venezolana?
—El diablo de la salsa. Mentira, un diablito, en todo caso. El desconocimiento de la poesía centroamericana por parte de los poetas de aquí, hacían ver a Blas Perozo como un diablo, si así lo queréis llamar.
—¿A quién lee Blas Perozo?
—Leo a Cervantes. Y ahora después de viejo, me leo a mí mismo.
—¿Blas Perozo se lee a sí mismo?
—Todos los escritores les cuesta afirmar eso, pero todos se leen a sí mismos. No por vanidad, ni porque se miren en un espejo, sino para conservar la sintaxis o una unidad en lo que están escribiendo.
—La literatura no se escribe de un día pa’ otro, se escribe durante mucho tiempo, durante toda la vida. Entonces es preferible saber lo que uno escribió, tener pendiente lo que se ha escrito. Leo otras cosas, por supuesto, leo mucha política y periodismo y me gusta mucho la radio.
—¿Tienes un programa de radio?
—Tenemos un programa de radio, mis hijas y yo, y el gran periodista Alexis Blanco. Él era actor y hemos estado ligados por muchos años.
El silencio de la oscuridad rodea el ambiente mientras Blas sigue confesándose ante una grabadora y una ciudad oscura que lo mira de reojo.
«Te digo adiós para siempre…», canta en tono querendón.
—¿Blas Perozo también canta?
—No, no, ahí si es verdad que la pelaste —señala mientras ríe desaforadamente—.
Pero sí me gusta mucho la música… Yo una vez comencé a estudiar música en la Escuela de música de Barquisimeto, estaba en el grupo de teatro del instituto pedagógico y a la vez asistía a clases de música de teoría y solfeo con el profesor Napoleón Sánchez Duque. Él era gocho y era un sabio, un día me llamó y recuerdo me dijo: «¿Usted estudia…otra de las actividades complementarias en el pedagógico?» . Yo le dije «sí, yo estudio teatro…» .«Quédese con el teatro», dijo.
Aquello frustró mi destino… eso fue lo que hizo que Dudamel llegara tan lejos— dice mientras ríe.
—Me acabo de dar cuenta de algo…
—¿Qué?
—Es que estoy hablando con Blas Perozo…
—¡Me engañaste!… Blas Perozo hace un gran esfuerzo para comenzar en tercera persona, que es lo perfecto…pero siempre termina hablando en primera—dice. Ambos reímos.
«Un poeta es un periodista de la interioridad, de lo de adentro, del río interior», finalmente confiesa el poeta canoso, mirando la calle oscura que pasa por el frente de su casa.
—¡A la verga! ¡Llegó la luz! —grita Blas con emoción, y así, sin más, culmina nuestra conversación.
XXX
Entrevista que le hice a mi padre, para la clase de Taller de redacción II.
Isabela